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martes, 22 de mayo de 2018

CONOCE USTED SU BIBLIA?



¿CONOCE USTED SU BIBLIA?
¿Sabe usted porque cree lo que cree?, ¿es capaz de defenderlo Bíblicamente? ¿Cuál es su respuesta cuando alguien habla o escribe acerca de una de las doctrinas que usted cree?, ¿es usted capaz de presentar defensa con mansedumbre de las doctrinas que cree? o prefiere ignorarlo y seguir pensando que lo que usted cree es lo correcto aun cuando no tenga ninguna base bíblica para sostenerlo.

Dios nos entregó Su Palabra, en ella está contenida Su voluntad para nosotros, en ella Él se revela a nosotros y nos muestra Sus atributos y Su carácter, en ella podemos conocerle y saber cómo agradarle, por medio de ella podemos saber si nuestra fe es auténtica y si El realmente es nuestro Señor. No se trata de memorizar unos cuantos versos, ni de buscar lo que dice la Biblia acerca de mí, de mis sueños, mis esperanzas, mi felicidad, etc. El ser humano por naturaleza es egoísta y egocéntrico, está tan enfocado en sí mismo que por lo general, no se acerca a la Biblia buscando que es lo que Dios quiere que sepa y obedezca, sino que es lo que Dios va a darle.

¿Creería usted en el amor o en la amistad de una persona que ignora el 90% de lo que usted dice? Cuando una persona ama leer solo los versículos que hablan de promesas y bendiciones (aunque mal interprete el texto) y no encuentra gozo en leer toda la Palabra de Dios, está demostrando que no ama al Señor. Jesús dijo “el que me ama mi Palabra guardará” (Juan 14:23), esto nos habla de OBEDIENCIA y no podemos obedecer lo que no conocemos o no entendemos. Obediencia a Dios no significa perfección impecable y perfecta, pues todos fallamos y tropezamos, sino la disposición de obedecerle aun a pesar de nuestros fallos, errores y debilidades. Un verdadero creyente puede caer en pecado, pero no hace del pecado su forma habitual de vida, tropieza en pecado, pero no planea el pecado para llevarlo a cabo.

Su eternidad no depende de cuánto usted cante, ofrende o sirva en una Iglesia, incluso puede llegar a predicar o enseñar en total ignorancia de la Palabra de Dios, mucha gente lo hace, simplemente repiten una predica o estudio de su predicador favorito, no importando si lo que está repitiendo es verdad o es una doctrina falsa, ¿Cómo podría notar la diferencia si NO conoce La Biblia? La actividad religiosa no significa que usted sea verdaderamente cristiano. La prueba de su fe es la obediencia a La Palabra de Dios. Sólo el estudio y lectura dedicado de la voluntad de Dios contenida en Su Palabra puede cambiar su mentalidad y renovarla de tal modo que cambie su vida y comience a producir fruto del Espíritu (Romanos 12:1; Efesios 5:18-19; Colosenses 3:16).

Solo conociendo La Biblia, usted será capaz de identificar cuando alguien le predica un evangelio distinto, es decir un falso evangelio (Gálatas 1:9), ya que solo conociendo la Biblia usted podrá ejercer verdadero discernimiento. Solo por medio de la Palabra de Dios usted podrá presentar defensa de la fe, dar razón con mansedumbre de las doctrinas que cree (1ª. Pedro 3:15), corregir con paciencia a quienes se oponen (2ª.Timoteo 2:24-26) y entender que el trabajo de convencer a otros de la verdad no es suyo sino del Espíritu Santo de Dios (Juan 16:8). Solo conociendo y estudiando La Palabra de Dios usted podrá presentarse delante de Dios como un siervo aprobado que no tiene de que avergonzarse pues maneja la Palabra de Dios correctamente (2ª.Timoteo 2:15).

Lea y estudie La Palabra de Dios en su congregación, en su casa, con su familia, a solas. Si el entretenimiento ocupa todo su tiempo libre, recorte el tiempo que dedica a la televisión, amigos, o incluso actividades religiosas y dedique por lo menos una hora de su tiempo a Aquel que le dio la vida. Si hay algo que ocupa su tiempo y no puede dejarlo, eso se ha convertido en un ídolo y Dios aborrece la idolatría. 

Jesús dijo que de la abundancia del corazón habla la boca, piense en sus conversaciones habituales y sabrá que hay dentro de su corazón. Si lo que hay son deportes, política, entretenimiento, murmuración, enojo, descontento, o incluso si de lo que habla es de su actividad en la Iglesia, pero enfocado en lo que usted hizo o hará, o de músicos, canciones o “películas” cristianas, pero NO de la Palabra de Dios, es necesario que renueve su entendimiento y llene su corazón de lo que realmente agrada a Dios. Ore a Dios pidiendo que le dé la Gracia para amar Su Palabra y comience hoy mismo a leerla con regularidad.

**Tomado del FB de Predica la Palabra

jueves, 25 de septiembre de 2014

El tiempo se te va...



"Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría"
Salmo 90:12

Tristemente vivimos en una sociedad que cada día tiene sus prioridades más alteradas, cada día tenemos más anuncios, enseñanzas, congresos, grupos de apoyo, charlas y demás que alimentan el YO, pensar en el otro es casi algo anticuado, ceder nuestros derechos en pos del beneficio de otro, es algo mandado a recoger, aquí lo que importa es el YO y el AHORA, slogans como "Solo hazlo"; "Porque tú lo vales", entre otros, son la muestra de lo que la publicidad y los medios quieren forjar en la mente de las personas, tu eres lo que vale, así que has cualquier cosa que te satisfaga.

Todo este bombardeo de mensajes, campañas y demás han afectado tanto la identidad de nuestras generaciones, que han convertido el matrimonio y la paternidad en algo muy distinto a lo que el Señor dispuso desde el edén.

Para muchos casarse hoy en día es sinónimo de haber perdido un tornillo, es prácticamente una decisión cuestionable, y aquellas cosas que la cuestionan no son precisamente parámetros bíblicos, sino cosas como: tienes los recursos necesarios para comprar el apartamento y el carro antes de la boda?, van a firmar capitulaciones, verdad? Debes proteger tu patrimonio, vas a casarte tan joven a los 37 años y sin haber terminado tu maestría? Ella o el tienen el nivel socioeconómico al cual estás acostumbrado?, en fin, cada una de estas excusas o cuestionamiento ponen de antemano el Yo, lo que yo quiero, lo que yo debo hacer, mis metas, mis opciones, mis planes…. Dejando de lado totalmente los intereses del otro y sobre todo la guía del Señor en decisiones tan importantes como estas.

Y si esto ocurre con el matrimonio, pensar en los miles de argumentos que existen para postergar la maternidad, o tomar la decisión de ser una mama a tiempo completo, son innumerables, casi que una madre a tiempo completo con 3 hijos en esta sociedad y en esta época es casi como un fenómeno, puede tildársele inclusive de fracasada, cómoda, o peor aún perezosa, porque este egoísta mundo exige cada día más, mujeres preparadas, competitivas pero menos madres. Y no es que tener hijos y trabajar sea un pecado mortal, de hecho somos muchas las mujeres que debemos hacerlo, pero la diferencia radica puntualmente en nuestras prioridades.

Definitivamente ser una mama que trabaja y desea ser una MADRE en todo el sentido de la palabra, para sus hijos, es un reto muy grande, exige negarse a sí misma, poner siempre a los otros como mas importantes, dejar o aplazar muchas veces el tiempo de descanso, los hobbies, el ejercicio, la lectura, en fin a casi cualquier cosa que implique un tiempo a solas o una actividad sin nuestros hijos.

Pero es allí donde la guía de la Palabra de Dios es indispensable para que dejemos el afán del mundo, para que tengamos nuestras prioridades en orden y le demos gloria a Dios con cada cosa que hagamos en nuestra vida. Y es que tenemos que saber lo importante que es formar y levantar a nuestros hijos en el temor del Señor, ser padres es talvez la responsabilidad más grande que tenemos los seres humanos ante Dios y ante nuestra sociedad, pues lo que nosotros enseñemos ahora, bueno o malo, se verá reflejado al cabo de unos 10, 15 o 20 años en nuestros hijos, pero esta semilla no se quedara ahí, nuestros hijos, nietos y biznietos darán cuenta de cada una de esas enseñanzas buenas o malas que les hayamos dejado en su vida.

Por eso, tomémonos un tiempo, hagamos una pausa, y pensemos que el tiempo que tenemos para enseñar, corregir, y formar a nuestros hijos es cada día más corto, hoy lo tienes en tus brazos y mañana ya está en el jardín de infantes y al cabo de un suspiro ya está acabando su primaria.
Por eso oremos diariamente al Señor por sabiduría para instruir a nuestros pequeños, para que nuestros días sean para su gloria, para que el afán de este mundo no nos reste el maravilloso tiempo de verlos crecer y estar junto a ellos, de poderles enseñar día a día, como tomar decisiones basadas en la palabra de Dios, como superar los conflictos apoyados siempre en oración.

La escritura esta tan llena de maravillosos pasajes que podemos usar para ilustrar diferentes situaciones de su día a día, para mostrarles a nuestros hijos como a lo largo de la historia el hombre se ha sentido, angustiado, temeroso, ansioso, como ha pecado, como se ha arrepentido y sobretodo como el Señor Todopoderoso a estado allí desde antes de la fundación del mundo y estará para siempre, para alentarnos, consolarnos, guiarnos y reconfortarnos con su palabra.

Enseñar a nuestros hijos a vivir en Fe, poniendo siempre su mirada en la eternidad, en aquello que realmente vale la pena, enseñándoles a edificar no sobre este mundo pasajero y caído, sino, en el mundo eterno y maravilloso que ha preparado nuestro Padre, es la labor más importante que tenemos como padres.

Las clases de baile, de equitación, de deportes, de idiomas y cualquier otra cosa que este agitado mundo demanda o muestra como parámetros de éxito en la crianza de nuestros hijos serán absolutamente insuficientes para formar en ellos un carácter firme, que anhele la santidad, que busque darle la gloria a Dios con cada una de sus acciones y sobretodo que marque una gran diferencia en este mundo lleno de afán y de pecado.

Solo Dios ha decidido si nuestros hijos hacen parte de su pueblo escogido, pero nuestra responsabilidad como padres siempre estará allí, pues como dice la palabra del Señor en Deuteronomio 6:
Éstos son los mandamientos, leyes y decretos que el Señor su Dios me ha ordenado enseñarles, para que los pongan en práctica en el país del cual van a tomar posesión. 2 De esta manera honrarán al Señor su Dios, y cumplirán durante toda su vida las leyes y los mandamientos que yo les mando a ustedes, a sus hijos y a sus nietos; y así vivirán muchos años……..Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
 »Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes. Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente como señales, y escríbelos también en los postes y en las puertas de tu casa.


El mandato de Dios es claro, debemos instruir a nuestros hijos en todo tiempo, hablarles, enseñarles, mostrarles con nuestra vida misma, establecer en ellos fundamentos firmes que les permitan vivir y caminar como una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios. Y esto para que anuncien las obras maravillosas de Dios, el cual los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

CIMIENTOS DE ROCA O DE ARENA?


La palabra de Dios está llena de contrastes, sabiamente, siempre estamos viendo el ejemplo del bueno y el malo, del hijo de Dios y el hijo de satanás, de la luz y la oscuridad, de la vida y la muerte.

En el evangelio de Mateo, el Señor Jesús le relata a sus discípulos una parábola en la cual vemos un gran contraste que ilustra la situación de muchos creyentes hoy día, aquellos que tienen su fundamento en la roca y aquellos que lo han puesto en la arena. Lo complejo de este contraste es que a simple vista no podemos percibir alguna diferencia, las dos casas pueden verse aparentemente iguales, pero en el momento de la prueba, cuando llega la tormenta, allí podremos ver realmente donde estaban puestos sus cimientos.

"Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca"
"Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena"

Entonces, como saber cuales son los cimientos que sostienen nuestra fe? la respuesta es muy sencilla y la obtenemos al responder la siguiente pregunta: ¿obedeces a Dios en toda área de tu vida? obedeces su Palabra?
responder estas preguntas es muy importante, ya que la construcción de un carácter cristiano se forja en torno a la obediencia, de nada nos sirve llamarnos cristianos, si ponemos en duda la palabra de Dios y no la obedecemos.
solo un verdadero discípulo hace la voluntad de su maestro, aprende de el, desarrolla una estrecha relación que le permite conocerle, agradarle, buscarle y caminar a su lado.

Cuando nuestra vida cristiana se fundamenta en lo que sentimos, en lo que vemos, o peor aun, en lo que tenemos; estamos levantando una casa sobre la arena, pero cuando nuestra vida se fundamenta en la Palabra de Dios y en la obediencia a Cristo, sabemos que estamos edificando sobre la roca.

Solo cuando obedeces a Dios y a su palabra, es cuando realmente crees. puedes aparentar vivir una vida piadosa, tener un estilo de vida moralmente correcto, hablar y parecer un seguidor de Cristo, pero si no le obedeces podrías estar dentro del grupo de aquellos que el Señor llama hacedores de maldad, los cuales menciona en Lucas 6:46 "¿Por qué ustedes Me llaman: 'Señor, Señor,' y no hacen lo que Yo digo?" ...Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad (Mateo 7:23).


La elección de todo cristiano tiene un propósito y este es que recuperemos la imagen de Dios, como fue antes de la caída....y vio Dios que era bueno! Romanos 8:29. No podemos perder de vista que Dios no gira en torno al hombre, El gira en torno a su propia gloria, el es el Ser supremo, el creador de todo lo visible y lo invisible, quien puso las bases de la tierra y encerró el mar tras sus compuertas. El propósito de nuestra vida es glorificar a Dios, en todo momento, en todo lugar, en cada acción, cada pensamiento.
Fuimos preparados de antemano para buenas obras, si bien la salvación es un regalo que se nos da por gracia, quien entiende correctamente el plan de salvación, sabe que ha de entregar completamente su vida a Cristo, y la forma en la que debemos hacerlo es como el Señor lo manda en Romanos 12:1-2  Renovando nuestra mente, dejando atrás todo aquello que nos separaba de Dios: ira, contiendas, pleitos, celos...(Gálatas 5: 19-21) y viviendo nuestra vida conforme al Espíritu de Dios, llenándonos de: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.

Así, cuando venga la tormenta, cuando el viento sople fuerte y las olas parezcan cubrir todo aquello que ven nuestros ojos, podremos estar tranquilos, y saciarnos de esa paz que sobrepasa todo entendimiento, porque sabemos que nuestra casa no caerá, porque fue cimentada en la roca, que es Cristo, Señor nuestro.

lunes, 23 de junio de 2014

LA CULPA NO ES MIA

Y la mujer le respondió: —La serpiente me tendió una trampa. Por eso comí del fruto. Génesis 3:13b
Me maravilla ver las innumerables enseñanzas que el Señor tiene para nosotros en un libro tan grandioso como el génesis, así que encuentro que es muy importante volver a él una y otra vez, porque en el génesis  encontramos nuestra historia,  nuestro pasado, nuestro origen. El tema de esta entrada surge de las primeras respuestas dadas por el hombre al caer en el edén.

Recientemente he estado tratando de explicarle a mi hijo de 8 años, la importancia de reconocer su pecado, de no buscar excusas o culpables cuando falla en algo, sino examinarse a sí mismo para que pueda ver que la falla surge de él; no ha sido una tarea fácil, pues siempre encuentra alguna razón para justificarse o sencillamente se enoja conmigo, porque quiere que compartamos la culpa, no le gusta sentir que él es el único culpable de su pecado.

Esto me ha puesto a meditar mucho sobre el tema, además de llevarme a buscar en la escritura como mostrarle que el pecado nace de nosotros mismos, y que la forma en la que podemos corregir nuestros actos y enderezar el camino es reconociendo ese propio pecado y llevándolo ante Dios en arrepentimiento, para que sea El quien nos limpie y transforme.
De manera que volvamos una vez más al génesis y remontémonos a ese crucial momento en que el Señor se dirige a Adán y a Eva para indagar (lo que Él ya sabía por supuesto) por su falta:
—Le preguntó Dios—. ¿Acaso comiste del fruto del árbol que te prohibí comer?  El hombre respondió: —La mujer que tú me diste por compañera me  dio del fruto del árbol. Por eso me lo comí. Dios se dirigió entonces a la mujer, y le dijo: ¿Qué es lo que has hecho? Y la mujer le respondió: —La serpiente me tendió una trampa. Por eso comí del fruto.

Tanto Adán como Eva responden de la misma manera, cada uno encontró un culpable lejos de sí mismo, Adán culpo a Eva, y en cierta forma también culpo a Dios, pues su expresión es un tanto irónica, la mujer que tú me diste…Eva no se queda atrás y también como un acto reflejo acusa a la serpiente.

Si vamos un poco más atrás en el relato de génesis 3 vemos como una vez que el hombre y la mujer pecan, sienten un profundo temor de Dios, reconocen que están desnudos, buscan como cubrirse y ante la confrontación, sencillamente buscan una justificación o un culpable.
Si lo comparamos con nuestra propia vida vemos que no estamos muy lejos de esta escena del edén que cambiaría por completo el desarrollo de la humanidad; sabemos que en todo lo largo de nuestra vida aun conociendo de Dios, estaremos caminando hacia la santidad, pero en medio de ese caminar seguiremos cometiendo faltas y pecando, ya no como quien practica el pecado, pero si como parte de nuestra condición humana, hasta que llegue el momento de estar en su presencia.

Entonces de donde viene el paralelo que estoy haciendo de ese momento en el edén? Pues sencillamente, en que hoy, miles de siglos después, seguimos reaccionando de la misma manera, nos dejamos seducir de nuestras propias concupiscencias, pecamos, y nuestra reacción inmediata no es buscar a Dios, sino muchas veces huir de él y cubrir nuestras faltas, ya no con hojas de higuera sino con excusas, justificaciones y diversas situaciones, echando la culpa sobre otros para poder auto justificarnos y ponernos en una posición más cómoda, como por ejemplo, la posición de víctima.

Y realmente no es fácil salir de esa postura, podemos mantenernos allí mucho tiempo, años inclusive, permitiéndole a nuestra mente armar toda una historia de drama alrededor nuestro, que nuble por completo la causa real de la situación, para que no podamos confrontarnos con el pecado, arrepentirnos y por el contrario seguir encadenadas.

Recuerdo que por muchos años esas hojas de higuera cubrieron mis ojos y me llevaron a vivir una vida distante de Dios y sumida en mi propio pecado que crecía cada vez más, siempre encontré una razón para justificarme, un culpable al cual señalar, una historia que encajara perfecto en mis falencias, para de esta manera mirarme a mí misma como una pobre víctima y quedarme allí navegando indefinidamente en ese mar de excusas.

Solo cuando por la misericordia y gracia del Señor, él me permitió ver el horror de mi pecado, pude comenzar a entender que cada uno de los pasos equivocados que di en mi vida fueron mi decisión, cada cosa terrible broto de mi engañoso corazón. Ese día sin dudar, pude verme absolutamente necesitada de la salvación de Dios, incapacitada del todo para hacer algo por mí misma.

Pero fue allí en ese momento en el cual pude abrir mi corazón en arrepentimiento ante Dios, El comenzó a trabajar en mí y gloria a Dios ese proceso no se ha detenido aun hoy después de 10 años. Pero no podemos creer que esta es una condición que solo ocurre antes de conocer del Señor, de ninguna manera, pues no podemos olvidar que el pecado seguirá acechándonos.
Por eso es importante que reconozcamos cada vez con mayor agudeza cuando estamos pecando, para que seamos más sensibles a la voz del Espíritu Santo en nuestras vidas y podamos expresar sinceramente como el salmista: Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón;    ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino,    y guíame por el camino eterno. Salmo 139:23-24
Lograr reconocer cuando hemos pecado así sea de manera “sutil” (aunque no hay pecado pequeño ni sutil) nos permitirá volver prontamente a Dios para pedirle restauración, el salmo 51 es una clara muestra de un corazón humillado ante Dios, que reconoce su condición de pecado y clama por la guía del Espíritu Santo en su vida y por el perdón y misericordia de Dios.

Mi invitación de hoy es que reflexiones en el salmo 51 para que podamos analizar en la próxima entrada cual es la forma correcta de enfrentarnos a nuestras fallas y pecado a la luz de esta porción de la escritura.

viernes, 9 de mayo de 2014

Una Promesa de Amor



Se acerca el día de la madre, y llegan a mi mente muchas imágenes de mujeres que encontramos en la escritura desempeñando honrosamente este papel. Pero de todas ellas hoy he querido compartirles sobre una madre muy especial, una madre en la que podremos ver un maravilloso conocimiento de Dios y una fe grandiosa, por eso en esta fecha especial, esta es una madre que merece un tiempo en nuestro estudio: Ana, esposa de Elcana, madre del Profeta Samuel, ultimo Juez de Israel, a quien fue otorgada la tarea de coronar y guiar al primer rey de esta nación, y ungir al rey conocido como: conforme al corazón de Dios, David.
Ana fue una mujer que no tuvo una vida fácil, en primer lugar era una mujer estéril que no había podido darle hijos a su marido y en segundo lugar, Ana tenía que soportar constantemente las burlas de Penina, (la segunda esposa de Elcana quien si tenía hijos) y aunque la escritura nos muestra que Elcana siempre amo a Ana y estuvo muy pendiente de ella, la vida para esta mujer no era fácil. Probablemente su corazón vivía constantemente acongojado por el deseo de querer ser madre y no poder serlo, y sus ojos tal vez veían de lejos lo que ella anhelaba pero que en ese momento no podía tener.
Pero Ana si tenía algo maravilloso, algo que nadie podía quitarle y algo que cambiaría su vida para siempre y nos permitiría estarla recordando hoy, miles de años después. Ana conocía al Señor!! Jehová de los ejércitos era una verdad para ella!
Llego un día en el que Ana no soporto más y “ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente”. Tanto lloro Ana y tal fue su oración, cargada del sufrimiento de tantos años, de ilusiones y anhelos, que Elí el sacerdote del templo creyó que Ana había estado bebiendo; La palabra nos menciona que “Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, su voz no se oía”, así que podemos concluir que tal debió ser la forma de entrega total de Ana en esta oración y clamor a Dios, que llamo la atención del sacerdote.
Durante este tiempo de oración, Ana le pidió al Señor que le diera un hijo varón y prometió dedicarlo al servicio del templo el resto de su vida.
Luego de algún tiempo Ana dio a luz un hermoso niño y le puso por nombre: Samuel que quiere decir, pedido a Dios. Y en este punto quiero detenerme un poco pues merece la pena hacer el contraste de este profundo deseo de Ana por ser madre, con lo que vivimos hoy en día en nuestra sociedad, donde cada día la maternidad se aleja más de los roles importantes de la mujer, y no solo se aleja de los deseos de muchas mujeres de hoy en día, que ven la maternidad no como un regalo, ni como  un don de Dios, sino que lo ven como una carga y como un obstáculo a su vida.                                             Fueron muchos los años que Ana lloro y se afligió por no ver cumplido su deseo de ser madre, y hoy son muchas las mujeres que lloran y se afligen precisamente cuando se enteran de que van a ser madres.
Pero Ana había hecho una promesa a Dios que debía cumplir, fueron pocos los años que Ana estuvo con Samuel, pero fueron los suficientes como para formar en él un carácter que le permitió servirle a Dios todos los días de su vida. Aunque Samuel había sido un hijo sumamente anhelado y deseado, Ana nunca puso por encima de la voluntad de Dios los deseos de su corazón y en el tiempo que había acordado con su esposo, Ana entrego a Samuel al sacerdote Eli, para que este lo enseñara en las labores del templo y Samuel pudiera servir al Señor todos los días de su vida.
En este punto hare otra pausa, ya que la actitud de Ana es digna de ejemplo para nosotras hoy en día por varios aspectos:
1.       Ana entrego su hijo a Dios, aunque amaba profundamente a Samuel, ella sabía que su prioridad debía ser el Señor.
2.      Ana se dedicó a criar a Samuel de tal forma que pudiera aprovechar cada uno de sus días junto a él, para que el niño pudiera aprender todas las grandezas de Dios.
3.      Ana conocía al Dios que adoraba, su fe era más grande que sus sentimientos maternales, ella sabía que el mejor lugar para Samuel era en el templo Sirviendo a Dios.
4.      Ana no rehusó cumplir su promesa, ella hayo contentamiento en ver cumplida su petición a Dios.
El capítulo 1 del primer libro de Samuel finaliza con la expresión: “Y todos ellos adoraron a Dios” y enlaza maravillosamente con el inicio del capítulo 2, el cual comienza así: “Ana elevo esta oración”.
Adoración, oración y alabanza a Dios; creo que estas 3 Palabras resumen la actitud de Ana. Y esa relación intensa e íntima con Dios fue la base para que ella entonara u orara esta maravillosa porción de la escritura que se nos narra en los primeros 10 versículos del capítulo 2 del primer libro de Samuel. Cuanta sabiduría, cuanto amor, cuanta fe, cuanto gozo desbordaban de la vida de esta mujer; en este canto Ana nos deja ver que conocía perfectamente la soberanía de Dios, su santidad, su omnisciencia; Ana confiaba en una promesa de salvación, sabía que solo Dios era su redentor y su roca; por eso Ana no titubeo al cumplir su promesa y entrego a su hijo al servicio del Señor.
No puedo imaginar lágrimas en este momento, solo puedo ver los brazos de Ana abriéndose y su corazón hinchado de gozo de saber que estaba entregándole lo mejor de ella al señor, Ana sabia ciertamente que Dios le había dado ese hijo, por un poco de tiempo tal vez, pero que su hijo pertenecía a Él, ella estaba segura de su trabajo como madre, porque sabía que todo lo que ella le había dado a su hijo venia de lo que ella había recibido de Dios.
Para cerrar quiero que reflexionemos en estos puntos:
·         Buscas de continuo alimento espiritual que te permita también alimentar y sustentar a tus hijos?
·         No olvidemos que los hijos son tesoros de Dios confiados a nosotras para que los levantemos en su palabra y les enseñemos a vivir conforme a su voluntad.
·         En algún momento nuestros hijos partirán de nuestro lado, que ese día estemos satisfechas con la labor que como madres hemos realizado.
·         No olvidemos que ante Dios tenemos una muy grande responsabilidad en levantar hijos sabios temerosos de Él y que guarden su Palabra.
·         Nuestros hijos serán educados con nuestro ejemplo, mucho más que con nuestras palabras.
·         Vivamos la palabra de Dios día a día, para que estemos seguras de que ellos seguirán el rastro de buenas pisadas.
·         Aprovechemos con intensidad cada minuto que tenemos con nuestros hijos, no escatimemos ningún esfuerzo en su formación como hijos de Dios.

Y como último y más importante punto, jamás olvidemos que Dios tiene el control, no solo de nuestra vida, sino de la vida de nuestros hijos, no cesemos de orar por ellos, por nosotras y por muchas mujeres a nuestro alrededor, que viven en medio de este mundo caído y que como consecuencia, tienen que levantar a sus hijos solas y en condiciones adversas.
Mujer, Dios te ha hecho madre con un propósito: darle Gloria y honra con esta maravillosa labor, de manera que como Ana cumple tú también esta promesa ante Dios!!!

Feliz día!!!

Luces de Navidad y la vida del creyente

  LUCES DE NAVIDAD Una de las atracciones más hermosas de la Navidad es salir a ver las luces brillantes. Estas transforman de inmediato un ...