jueves, 25 de septiembre de 2014

El tiempo se te va...



"Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría"
Salmo 90:12

Tristemente vivimos en una sociedad que cada día tiene sus prioridades más alteradas, cada día tenemos más anuncios, enseñanzas, congresos, grupos de apoyo, charlas y demás que alimentan el YO, pensar en el otro es casi algo anticuado, ceder nuestros derechos en pos del beneficio de otro, es algo mandado a recoger, aquí lo que importa es el YO y el AHORA, slogans como "Solo hazlo"; "Porque tú lo vales", entre otros, son la muestra de lo que la publicidad y los medios quieren forjar en la mente de las personas, tu eres lo que vale, así que has cualquier cosa que te satisfaga.

Todo este bombardeo de mensajes, campañas y demás han afectado tanto la identidad de nuestras generaciones, que han convertido el matrimonio y la paternidad en algo muy distinto a lo que el Señor dispuso desde el edén.

Para muchos casarse hoy en día es sinónimo de haber perdido un tornillo, es prácticamente una decisión cuestionable, y aquellas cosas que la cuestionan no son precisamente parámetros bíblicos, sino cosas como: tienes los recursos necesarios para comprar el apartamento y el carro antes de la boda?, van a firmar capitulaciones, verdad? Debes proteger tu patrimonio, vas a casarte tan joven a los 37 años y sin haber terminado tu maestría? Ella o el tienen el nivel socioeconómico al cual estás acostumbrado?, en fin, cada una de estas excusas o cuestionamiento ponen de antemano el Yo, lo que yo quiero, lo que yo debo hacer, mis metas, mis opciones, mis planes…. Dejando de lado totalmente los intereses del otro y sobre todo la guía del Señor en decisiones tan importantes como estas.

Y si esto ocurre con el matrimonio, pensar en los miles de argumentos que existen para postergar la maternidad, o tomar la decisión de ser una mama a tiempo completo, son innumerables, casi que una madre a tiempo completo con 3 hijos en esta sociedad y en esta época es casi como un fenómeno, puede tildársele inclusive de fracasada, cómoda, o peor aún perezosa, porque este egoísta mundo exige cada día más, mujeres preparadas, competitivas pero menos madres. Y no es que tener hijos y trabajar sea un pecado mortal, de hecho somos muchas las mujeres que debemos hacerlo, pero la diferencia radica puntualmente en nuestras prioridades.

Definitivamente ser una mama que trabaja y desea ser una MADRE en todo el sentido de la palabra, para sus hijos, es un reto muy grande, exige negarse a sí misma, poner siempre a los otros como mas importantes, dejar o aplazar muchas veces el tiempo de descanso, los hobbies, el ejercicio, la lectura, en fin a casi cualquier cosa que implique un tiempo a solas o una actividad sin nuestros hijos.

Pero es allí donde la guía de la Palabra de Dios es indispensable para que dejemos el afán del mundo, para que tengamos nuestras prioridades en orden y le demos gloria a Dios con cada cosa que hagamos en nuestra vida. Y es que tenemos que saber lo importante que es formar y levantar a nuestros hijos en el temor del Señor, ser padres es talvez la responsabilidad más grande que tenemos los seres humanos ante Dios y ante nuestra sociedad, pues lo que nosotros enseñemos ahora, bueno o malo, se verá reflejado al cabo de unos 10, 15 o 20 años en nuestros hijos, pero esta semilla no se quedara ahí, nuestros hijos, nietos y biznietos darán cuenta de cada una de esas enseñanzas buenas o malas que les hayamos dejado en su vida.

Por eso, tomémonos un tiempo, hagamos una pausa, y pensemos que el tiempo que tenemos para enseñar, corregir, y formar a nuestros hijos es cada día más corto, hoy lo tienes en tus brazos y mañana ya está en el jardín de infantes y al cabo de un suspiro ya está acabando su primaria.
Por eso oremos diariamente al Señor por sabiduría para instruir a nuestros pequeños, para que nuestros días sean para su gloria, para que el afán de este mundo no nos reste el maravilloso tiempo de verlos crecer y estar junto a ellos, de poderles enseñar día a día, como tomar decisiones basadas en la palabra de Dios, como superar los conflictos apoyados siempre en oración.

La escritura esta tan llena de maravillosos pasajes que podemos usar para ilustrar diferentes situaciones de su día a día, para mostrarles a nuestros hijos como a lo largo de la historia el hombre se ha sentido, angustiado, temeroso, ansioso, como ha pecado, como se ha arrepentido y sobretodo como el Señor Todopoderoso a estado allí desde antes de la fundación del mundo y estará para siempre, para alentarnos, consolarnos, guiarnos y reconfortarnos con su palabra.

Enseñar a nuestros hijos a vivir en Fe, poniendo siempre su mirada en la eternidad, en aquello que realmente vale la pena, enseñándoles a edificar no sobre este mundo pasajero y caído, sino, en el mundo eterno y maravilloso que ha preparado nuestro Padre, es la labor más importante que tenemos como padres.

Las clases de baile, de equitación, de deportes, de idiomas y cualquier otra cosa que este agitado mundo demanda o muestra como parámetros de éxito en la crianza de nuestros hijos serán absolutamente insuficientes para formar en ellos un carácter firme, que anhele la santidad, que busque darle la gloria a Dios con cada una de sus acciones y sobretodo que marque una gran diferencia en este mundo lleno de afán y de pecado.

Solo Dios ha decidido si nuestros hijos hacen parte de su pueblo escogido, pero nuestra responsabilidad como padres siempre estará allí, pues como dice la palabra del Señor en Deuteronomio 6:
Éstos son los mandamientos, leyes y decretos que el Señor su Dios me ha ordenado enseñarles, para que los pongan en práctica en el país del cual van a tomar posesión. 2 De esta manera honrarán al Señor su Dios, y cumplirán durante toda su vida las leyes y los mandamientos que yo les mando a ustedes, a sus hijos y a sus nietos; y así vivirán muchos años……..Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
 »Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes. Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente como señales, y escríbelos también en los postes y en las puertas de tu casa.


El mandato de Dios es claro, debemos instruir a nuestros hijos en todo tiempo, hablarles, enseñarles, mostrarles con nuestra vida misma, establecer en ellos fundamentos firmes que les permitan vivir y caminar como una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios. Y esto para que anuncien las obras maravillosas de Dios, el cual los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa.

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