El Gran Misterio Parte 3: El Desafío
EL DESAFÍO
el matrimonio es el mejor
ejercicio en el que hacemos que lo que creemos con la cabeza se viva en el
corazón.
fuimos creados para adorar a Dios
y vivir para Su gloria, no para la nuestra.
Fuimos, pues, creados para servir a Dios y a nuestro prójimo.
¿Por qué es esto así? Por la
sencilla razón de que el matrimonio ha sido «instituido por Dios». Un Dios para
el que el amor en entrega de sí mismo es atributo esencial y reflejo de Su
naturaleza, de forma muy particular en lo que revela la obra de Cristo.
Y él murió por todos, para que
los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos y fue
resucitado. (2 Cor. 5: 15) Cristo nos capacita para dejar de vivir para
nosotros y nos permite vivir para El, contrario a esto encontramos la esencia
del pecado, según nos informa la Biblia: vivir para nosotros antes que para
Dios y las personas que nos rodean.
Así que podemos resumir la
totalidad de la Ley, esto es, la voluntad expresa de Dios para nuestras vidas,
en dos grandes mandamientos: amar a Dios y vivir para Él en lugar de vivir para
nosotros, y amar a las personas anteponiendo las necesidades ajenas a las
nuestras (Mat. 22: 37-40).
Es vital para nosotros comprender
esta verdad que se encuentra a lo largo de toda la escritura, fuimos creados
para vivir para Dios, solamente en Dios encontraremos todo aquello que
incansablemente busca nuestra alma, esa llenura, esa plenitud, esa paz, solamente
la podremos encontrar en Cristo, si la buscamos en otro lugar solamente nos
encontraremos tratando de llenar una cisterna rota.
Las mujeres constantemente
estamos buscando el amor, tenemos una necesidad de sentirnos amadas, pero solo
con cristo podemos sentirnos amadas de manera tan profunda que cuando alguien
nos causa un perjuicio podemos ser generosos y capaces de perdonar.
Si me planteo el matrimonio como
el medio para llenar el vacío espiritual que corresponde llenar a Dios, no
estaré en verdadera disposición de servir a mi esposo. El lugar de Dios solo Él
lo puede ocupar. Mientras Dios no disponga en mi vida del lugar que le
corresponde, seguiré quejándome de que él no me ama lo suficiente, que no me
respeta como debiera y que no me apoya como yo necesito.
Por eso en la actualidad el
matrimonio padece de grandes confusiones, porque se le dan otros fines
distintos para los cuales él fue instituido, por ejemplo, es muy posible sentir
que uno está «locamente enamorado», cuando en realidad no deja de ser mera atracción
por alguien que satisface nuestras necesidades, nos ofrece refugio en las
inseguridades y da respuesta a nuestras interrogantes.
En el original hebreo, el verbo que nosotros traducimos por «unir» tiene la fuerza de una auténtica fusión, de algo que, una vez unido, no es posible separar. En otros textos de la Biblia, ese término se aplica a la unión producida por un pacto, por una promesa vinculante o por un juramento formal.
En el matrimonio nuestros votos y promesas suben en «vertical», para luego reafirmarse en lo «horizontal», por eso el matrimonio es el más profundo de los pactos humanos.
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